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No pienses en un yate cargado de cocaína

Las campañas electorales están llenas de elefantes. Elefantes rosas y borrachos que entran dando tumbos en las cacharrerías de los titulares de prensa

15/05/2023 15:58 h

No pienses en un yate cargado de cocaína

Las campañas electorales están llenas de elefantes. Elefantes rosas y borrachos que entran dando tumbos en las cacharrerías de los titulares de prensa

Hay una cerveza belga llamada Delirum Tremens que se sirve en botellines de aspecto cerámico y que suele satisfacer el paladar de los degustadores más exigentes. Su nombre parece más bien un aviso disuasorio porque evoca un cuadro de temblores y alucinaciones propio del síndrome de abstinencia. No recuerdo su sabor. Ahora que lo pienso, ni siquiera recuerdo haberla probado nunca pero no puedo quitarme de la cabeza el elefante rosa de su etiqueta, un animal de ojos diminutos y pasos dudosos, un enorme paquidermo que parece haber sumergido su trompa en un barril cervecero y ya va medio Tinky Winky.

Es posible extraer lecciones ideológicas de casi cualquier objeto, pero la primera vez que vi el elefante rosa de la Delirium Tremens entendí que ahí había todo un tratado de comunicación política. Ese tratado ya está escrito y lleva la firma de George Lakoff. No pienses en un elefante es un librito tan extendido y popular que sobran las presentaciones. Bastará decir que sintetiza algunos principios esenciales de la lingüística cognitiva. Si le pedimos a alguien que no piense en un elefante, explica Lakoff, tendremos que pensar por fuerza en un elefante. Es más: estaremos validando la idea misma de un elefante incluso allí donde los elefantes son un imposible.
Las campañas electorales están llenas de elefantes. Elefantes rosas y borrachos que entran dando tumbos en las cacharrerías de los titulares de prensa. Cuentan las crónicas que Aníbal, el cartaginés, atravesó los Pirineos sobre la grupa de un elefante y no me cuesta trabajo imaginar a Isabel Díaz Ayuso en su papel de general norafricana cabalgando —¿elefantando?— hacia la Moncloa. El elefante se llama ETA. Lo sé porque me he tomado la molestia de mirar las portadas de sus periódicos, los periódicos de Díaz Ayuso, aquellos que la auparon en su pugna contra Pablo Casado. Las subvenciones y la publicidad institucional no son gratis. Las pagamos entre todos.

«Dicen que Miguel Ángel Rodríguez es un gran asesor y un brillante estratega, pero tengo la ligera sospecha de que cualquier indocumentado podría pasar por un genio si toda la prensa mayor le riera las gracias al unísono.»

Y la prensa repite a coro: ETA. Si alguien cree que Díaz Ayuso cierra la lista del PP de Bilbao por un descuidado azar es que no ha entendido nada. Si alguien piensa que Miguel Ángel Rodríguez cierra la lista del PP en Durango por una inexplicable casualidad es que no comprende la estrategia ni el núcleo de la campaña: meter a ETA hasta en la sopa trece años después del último atentado. No pienses en ETA. No pienses en ETA.
Podría comentar por qué no hay 44 ex miembros de ETA en las listas electorales de EH Bildu, pero otros lo han hecho ya con más celo que yo. Podría enumerar la lista de partidos políticos que alguna vez han incluido a algún ex miembro de ETA en sus listas electorales. Podría incluso explicar que el PSE-EE existe gracias a la disolución de ETA-pm y que los militantes que se incorporaron a la vía civil se beneficiaron de una amnistía encubierta. Diría que el PP sostuvo el gobierno de Patxi López a pesar de que en sus butacas era fácil encontrar a algún que otro polimili. Diría, mira tú, que Aznar le encargó la letra del himno de España a un ex miembro de ETA llamado Jon Juaristi.


Pero los datos no importan mucho porque el elefante se volverá más y más grande si te pido que no pienses en él, sea el elefante de ETA o el elefante de la okupación; la extrema derecha y sus soldados mediáticos disponen de una capacidad asombrosa para instalar los marcos mentales que les resultan más propicios y todos los demás, pobres picapedreros, tenemos que pasar por el aro de sus relatos hasta cuando queremos refutarlos. A la izquierda y a los demócratas en general hay que repetirles la consigna más elemental: cuando tú no eliges el terreno de juego da igual que ganes o pierdas. Cuando aceptas bajar al barro de la ultraderecha, estás aceptando de antemano tu derrota. 

El objetivo inmediato de la cacería no es EH Bildu. De hecho, Arnaldo Otegi debe de estar dando palmas con las orejas a sabiendas de que las campañas cloaqueras que se gestan en Madrid dan buenos réditos en el País Vasco. Así fue como triunfó Bildu en 2011 y así fue como Ibarretxe creció un 32% en las autonómicas de 2001. El objetivo, sin embargo, es la cabeza de Sánchez, el amigo de los terroristas, el ilegítimo, el felón. Si él se arrastra bajo las suelas de Txapote, ¿por qué no íbamos nosotros a llenar las instituciones de extremoderechistas? ¿Qué tiene de malo Vox, nuestro hijo pródigo, nuestro retoño, nuestro amado fascista de bolsillo?

Pero los planes no siempre salen como uno los diseña. Resulta que la Policía ha detenido a una candidata de Vox en una operación contra el narcotráfico en Parla. En los registros se ha requisado un kilo de cocaína y un simpático surtido de armas de distinto calibre. Las redes sociales, que son muy cabronas, han recordado que la detenida se daba paseos publicitarios junto a Rocío Monasterio en los que denunciaba la okupación y la venta de drogas. Curiosos los socios de Ayuso. Otros han recordado las amistades de Núñez Feijóo con Marcial Dorado. Pero no pienses en esa famosa fotografía. No pienses en narcotraficantes. No pienses, ni se te ocurra, en un yate cargado de cocaína.

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